jueves, 22 de abril de 2010
lunes, 12 de abril de 2010
yo pensé que estábamos viendo televisión
Yo pensé que estábamos viendo televisión. Ya no tienes la pielesita de princesa que tenías. Están estás ojeras de casi siempre. Las arrugas en las comisuras de tus ojos y la frente. Empiezas a quedarte calvo. Estás más gordo y sonríes mucho menos, tienes algunas de estas canas, tu nariz es más grande y se inclina cada vez más. No era una queja. Mucho menos un reclamo. Ella pasaba sus dedos por mi rostro. Yo tomé el control y cambié el canal, una vez más.
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sábado, 27 de marzo de 2010
viernes27
Pues si, tal vez ahora las salas de cinemex son mejores que las de cinépolis, pero la comida allí definitivamente apesta.
Muy buena película. Me como todo, renegando. Me como todo.
No tenía ganas de regresar otro viernes solo al depa, tampoco tenía humor suficiente como para hablar, reír, escuchar, ver a los demás, sin embargo, está esta necesidad de estar un rato entre la gente. Así que allí estás, viernes por la noche, vas y te metes a una sala de cine, junto con el resto de ellos, después no hay que ver a nadie, si puedes, te metes en la película, si no, esperas allí sentado a que acabe. Esta fue una buena película. Una buena película a la que no pude ponerle toda la atención que hubiera querido. No dejo de pensar en ese rato, tan breve, justo antes de entrar. Estoy allí parado, sin pensar realmente nada, mirando en general y luego ahí está. Me le quedo mirando y no sé qué pensar. El vidrio frente a mi me mira exactamente de la misma manera y me sacude una bofetada helada. Ese soy yo.
Una camisa azul a cuadros, pantalón café, las botas algo sucias, el cabello largo y desarreglado, las enormes ojeras, algo encorvado, los hombros bajos, las manos en las bolsas y esa mirada que me ve, completamente vacía. Pongo atención y huelo a sudor de todo el día, de toda la semana, de toda la vida. Siento pena por el reflejo.
Intento sonreír. Y no puedo, siempre ha sido tan fácil sonreír, nunca he necesitado una razón en particular, siempre he encontrado los momentos, los pretextos, las sonrisas, siempre he podido reírme de absolutamente todo. Y ahora no puedo.
Algunos problemas con los subtítulos al inicio, el encuadre del proyector tampoco está bien. Diez minutos, poco más, poco menos, arreglan las cosas. Una buena película. Me gusta. No dejo de pensar. Ese no soy yo. Ese no soy yo. Yo podía sonreír. Ese no soy yo. Siempre. Ese no soy yo. Dónde lo perdí. Ese no soy yo. Ese soy yo.
lunes, 15 de marzo de 2010
necesidad
Necesito esta mujer
De la cual pueda enamorarme
sin restricciones
sin límites
sin incertidumbres
Necesito esta mujer
De la cual pueda enamorarme
con pasiones
con acciones
con el tiempo por venir
Necesito esta mujer
De la cual pueda enamorarme
que me dicte poesía con su sonrisa
que me llene de sonrisa la poesía
que se permita y me permita
Enamorarla
Necesito esta mujer
De la cual pueda enamorarme
que me regale sus días
y me comparta sus sueños
que me regale sus noches
y se adueñe de mis sueños
Necesito esta mujer
De la cual pueda enamorarme
que una tarde cualquiera
sin pensarlo
sin quererlo
sin notarlo
me mire distraída
y me diga te amo.
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sábado, 6 de marzo de 2010
babel
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¿Te has parado un sábado por la noche, cualquiera, en un centro comercial atestado de gente, caminando, hablando, riendo, llorando, lo que sea; y dejado de poner atención a lo particular para poner atención a lo general?
Allí estaba, esperando afuera de una tienda de porquerías, sin ver nada específico, un par de ojos lindos, unas caderas unidas a esas largas piernas que las mecían, burlándome de todo lo diferente, de todo lo uniforme, de las viejas que se ponen esos suetercitos pequeños que resaltan aún más las lonjas, de los tipos que arrastran esa enorme inseguridad detrás de una retadora cara de pendejos, de las pubertas que se visten como putas y apenas pueden caminar con esos zapatos; coqueteando sin darme completa cuenta, descarada, breve (y muy inconcientemente) con la señora casada del brazo de su esposo, viendo el montón de parejas que pasan y se van, los embarazos con toda seguridad (mi seguridad por supuesto) no deseados, las bolsas de compras llenas de status, una televisión arriba en una esquina, sorprendiendo de repente mi reflejo en el aparador e ignorando (o tratando de hacerlo) mi propia patética situación en ese momento. Camino en círculos mientras espero, viendo todo esto, sin ninguna atención, pensando tal vez en otra cosa, en verdad nunca sé con certeza en qué estoy pensando. De repente me detengo y me doy cuenta de mi burbuja, hermosa burbuja, acorazada burbuja, salvadora burbuja, dudo un momento, luego, irresponsablemente, la abro.
Retrocedo un par de pasos y fijo mi mirada en el techo, perfiles metálicos, concreto, pintura blanca, algunos cables disimulados, quizá la parte menos cuidada de estos lugares, miramos cada vez menos hacia arriba. No quiero cerrar los ojos, no necesito hacerlo.
La estática de miles de palabras pronunciadas a la vez. Cientos de respiraciones y pasos y latidos, no me esfuerzo en desmenuzarlas, tratar de interpretarlas, de cualquier manera no podría, olvido la percepción individual, me pierdo en lo homogéneo, mi vista fija en el blanco, mis oídos abiertos y sin filtros, una marea sorda de ruido bajo, interrumpida por un llanto de niño que se funde enseguida, por la carcajada de una mujer que se disuelve en un instante, no entiendo una sola palabra, soy un recién llegado en una babel de murmullos impersonales, me sumerjo en una tina viscosa de ruido amortiguado, evito cerrar los ojos, necesito esa ancla, ese madero que me mantenga a flote del naufragio, busco alrededor, sin moverme, un resquicio de silencio, una pausa, un espacio vacío, virgen de aliento y vibración, un segundo, menos que eso, sé que si está allí, lo encontraré, me encontrará, pero no lo hago y tampoco lo hace, la sábana heterogénea del prójimo me envuelve por completo y me regala pródiga, hirviente, con desesperación, incomodidad, asco.
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miércoles, 10 de febrero de 2010
serigrafiando falacias
Hace días que no duermo bien. Luego tengo periodos así. Dicen que es porque algo me preocupa, justo en este momento ese algo pudiera tomar muchos nombres. No voy a nombrar ninguno. Tengo este trabajo por dos semanas, imprimiendo cubitos de madera en serigrafía, veinte mil o una cosa así, no llevo ni la tercera parte y ya estoy hasta la madre, no me gusta la serigrafía, vale, no me gusta casi nada, pero necesito el dinero entonces qué carajos. Estoy cansado, ligeramente intoxicado por los solventes y algunas cervezas, tengo mucho sueño y quizá no es el mejor momento para ponerme a escribir, pero si no lo hago ahora, esto, lo que sea que esto sea, mañana no va a tener ningún interés ni sentido (vale, no lo tiene ahora).
La cosa es, que está esta chica, la veo todos los días en la mañana cuando voy a tomar el camión para el trabajo, tiene una tienda de abarrotes a dos cuadras de mi casa y yo paso por allí a diario con mi cara de recién bañado y un sueño del que con todo y baño todavía no me puedo desprender, volteo como reflejo invariablemente, en realidad no me interesa ni nada, pero bueno, no está del todo mal pienso siempre, sobre todo mientras no sonríe. Luego doy otros tres o cuatro pasos y ya pasé la tienda, no vuelvo a pensar en ella hasta el otro día en la mañana mientras paso breve por allí.
Hoy llego al taller a seguir imprimiendo putos cubitos y ella está allí, con un delantal algo manchado de pintura, el cabello rizado recogido y poniendo todo el empeño (poco?, mucho? aún no lo sé) sobre los putos cubitos. Vale, no es muy buena en ello. Nadie nos presenta, yo me pongo a trabajar y apenas saludo, su mesa queda a mi espalda, hay un polaco paseándose por allí que jamás entiende mis chistes y me ve muy raro mientras me destornillo de risa, el tipo es extraño. Pasa bastante tiempo antes de que le hable, el suficiente tiempo para que me duelan las piernas de estar parado y necesite un pretexto para moverme. Las mismas cosas de siempre, las mismas preguntas de rigor, las mismas respuestas planas, el ritual de interacción humano apesta, deberíamos acercarnos y olfatearnos las colas o una cosa así. Bueno no, dejemos eso para después. No mucho después. Yo nunca tengo nada que decir así que dejo que hable. Y ella habla. Aha. Sep. Anda. Si, claro. Monosíabos. Es toda mi aportación. Ella tiene mucho más que decir. Te veo todos los días en la tienda, es la frase más larga que me sale, creo. Ella me habla de lo que va a estudiar, de cómo y porqué dejo la escuela un año, de otras cosas que no estoy muy seguro de que eran, de un proyecto que le entusiasma sobre ecología, recogen envases de plástico en la universidad, reciclaje y cosas así, ahora lo van a hacer en las calles, fuera de la universidad, se lo dan a alguien. Cuánto les pagan, pregunto. Al principio nos daban algo, muy poco, casi nada, ahora ya no, pero es mucho más por la conciencia ecológica que por ganar dinero. Bueno, pienso, alguien igual de preocupado por la ecología se está inflando de lana mientras ustedes se revientan el lomo recogiendo envases todo el pinche fin de semana. La conciencia ecológica me vale madre. Hubo un tiempo que me preocupaba y me comprometía. Me tomaba un tiempo para urgar y separar mi basura, cerraba la regadera mientras me enjabonaba, reciclaba hojas de papel para salvar unos árboles, todas esas cosas. Ahora la verdad ya no me importa. Para mi las cosas van a seguir igual, en verdad no creo que valla a tener hijos, por lo que la frase esa de qué planeta les vas a heredar a los hijos de tus hijos me tiene sin ningún cuidado. No sé a los demás, pero a mi, los hijos de mis hijos y los hijos de ellos y todos los hijos de alguien más no me interesan. Si, soy un tipo egoísta. Igual que todos los demás, solo que yo estoy plenamente conciente de ello y no me da ningún reparo admitirlo. Creo que estoy pensando en cosas como estas mientras ella sigue hablando. Tiene una voz simple. Tiene una conversación simple. Ríe poco y casi por compromiso. Yo trato de portarme amable y eso. Ya establecí que no me gusta, pero bueno, uno nunca sabe qué le va a gustar el día de mañana. Se veía mucho mejor detrás del mostrador. Luego pienso que ahora voy a tener que saludarla todas las mañanas, y luego, quizá, a su mamá, así es la gente, le cuenta a su gente que conoció a más gente, luego, ellos te ven y te saludan, le cuentan a alguien más sobre el tipo que saludan que no tienen ni puta idea de quien es pero pasa todos los días, al rato te saluda más gente. Yo los veo y les sonrío, a veces, otras solo muevo la cabeza, devuelvo el saludo como espejo. Me gusta pasar por las calles sin que nadie me conozca, sin que nadie me ponga atención. Tengo un año viviendo aquí y no sé cómo se llaman mis vecinos. No me importa. Dice mi papá que eso no es bueno. Yo estoy seguro que no lo es. No voy a hacer nada al respecto.
Después de un rato el silencio vuelve y solo escucho el movimiento de las bisagras que sostienen las mallas subiendo y bajando, el rasero sobre la tinta y la tinta sobre la madera. Son las ocho y ella se va, a mi me quedan por lo menos otras tres horas.
Supongo que mañana la voy a saludar cuando pase por la tienda.
jueves, 17 de diciembre de 2009
con esos jodidos pasos
Y ahí me tienes, saliendo de trabajar, tarde otra vez. No acabo de entender como funciona eso, estoy allí a veces, la mayor parte de la mañana haciendo cualquier cosa, mientras pasa el día, y justo cuando se acerca la hora de la salida es cuando llega el trabajo de verdad. Y hay que terminarlo.
Vale, casi nunca me importa demasiado, pero hoy había quedado de llegar a hacer algo de comer. Ya era bastante tarde para comer, no se diga ya para apenas hacer algo para comer.
De cualquier manera trato de apurarme, el día es ligeramente frío, deben de pasar un poco de las 4 de la tarde, ni siquiera quiero mirar la hora. Me pasa eso, que a veces es muy tarde, o muy temprano, para cualquier cosa, y no hay problema, pero luego veo el reloj y es como si la soga hedionda del tiempo se cerrara poco a poco sobre mi cuello, llega la ansiedad y el barranco de las cosas por hacer me come. No es bueno ver la hora.
Bueno, el caso es que camino el mismo tramo de todos los días, me ahorra un camión y le hace algo de bien a mis entumidas piernas. Debería de salir a correr de nuevo. Tal vez entrando el año. Por ahora solo camino, un poco apurado el paso que por lo regular es harto lento. Voy pensando en nada, me duele la mandíbula, estoy apretando la jodida mordida inconscientemente, dicen que es tensión, muy seguramente lo es, y pienso en ello cuando me duele, cuando se distienden un poco los músculos y el dolor ese molesto me recuerda que sigo tenso, tenso y caminando. Volteo hacia atrás, no estoy seguro de porqué, puede que hallan pasado unas caderas que me lo sugirieran, no lo sé, pero la veo de lejos, sigo sin pensar en nada, no le pongo atención.
Es hasta más adelante que la noto de verdad, cuando siento sus pasos muy cerca de los míos propios, volteo como reflejo, es una mujer, mis reflejos suelen ser buenos, o por lo menos rápidos en este rubro.
El recorrido hasta el camión se lleva sus buenos 15 o 20 minutos, ella me alcanza cerca de la mitad. Y si, alcanza es la palabra. Lleva unos audífonos, va en la completa pendeja como casi siempre el resto de nosotros solemos hacerlo, pero parece que tiene también algo de prisa. Más que la mía pudiera decirse, o tal vez siempre anda de esa manera. Se empareja por no más de cuatro pasos, me hago a un lado y le cedo el interior de la acera, a veces soy todo un caballero. Ella ni lo nota, ni me nota, a mi no me importa, no es el tipo de mujer que suela interesarme, aunque vale, mi abanico de gustos en cuanto a mujeres es bastante amplio y sin muchos complejos, la cosa es que no me interesa, por lo menos no pienso en tirármela y esas cosas que luego la gente piensa que pienso (ok, ok, lo pienso muchas veces) pero si me llama mucho la atención, esa manera que tiene de caminar.
No es esa cadencia completamente infame que tiene, ni su espalda ligeramente curva que casi no se mueve con sus pasos, debería enderezarse y seguro mejoraba mucho, por lo menos es lo mismo que siempre me dicen a mi. No es tampoco ese pantalón a la cadera que deja en evidencia la carne pródiga que se desborda cubierta apenas por una playera negra algo deslavada, ni las piernas casi excesivamente cortas con esas rodillas que parece que van a chocar entre si a cada paso. No son los converse, ni el morral colgado a su costado que se balancea con algo de peso.
No. Es más bien esa manera de avanzar, endemoniadamente rápido con esos jodidos pasos y como si no se fuera moviendo. Me hace pensar que voy muy lento y acelero el paso, algo así como si espabilara un sentido extraño y más bien bastante sinsentido de competencia, la voy a alcanzar pienso. Va apenas unos cinco metros por delante, y en el tiempo que me toma la decisión, ya doblo la distancia. Mis decisiones siempre han sido lentas, concluyo. Pero sigo en el empeño. La cosa es que aunque voy más rápido, la distancia solo parece alargarse. Cómo chingados lo consigue. Debe de ir casi trotando, me digo. Y enseguida me desdigo, solo va caminando, y ni siquiera parece que le fuera poniendo algo de esfuerzo. En unos 7 minutos ya va dos cuadras adelante, carajo, pienso, y yo tengo que llegar a hacer algo de comida. Y ella ahí va, como alma que lleva el demonio. Debe de estar poseída. Me alegro de yo no estar poseído. Suelo alegrarme con cualquier estupidez. Solo se aleja y se aleja más, yo veo y trato de saber que es lo que hace (aparte de estar poseída) para avanzar de esa manera, no son zancadas largas, incluso arrastra un poco los pies, ni son tampoco pasos cortos y apresurados, son solo como los mios… pero mucho más efectivos. Igual que en casi cualquier otra cosa. Aviento un par de groserías para mis adentros y vuelvo a mi andar lento y disperso. Me vale madre. Otra vez
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lunes, 14 de diciembre de 2009
feria
Qué es lo que hace un tipo gregario y casi completamente antisocial en una feria atestada de gente.
Bueno, pues se hace esa misma pregunta una y otra vez, sin llegar a comprender las razones, achacándolo a su falta de carácter y a esa costumbre algo insana de hacer lo que se va presentando sin nunca valorarlo o siquiera meditarlo un poquito.
Lo cierto es que allí estaba yo, en medio de todas esas personas que caminaban y caminaban y llegaban hasta el horizonte y venían, si volteaba a mi espalda, desde el otro extremo del horizonte. Todo ese espacio hirviendo de gente que se congrega en un área relativamente pequeña e invadida de ruido, polvo levantado por sus propios pies y un hedor de todos sus propios hedores mezclados.
Camino al igual que ellos, junto con ellos, pegado a ellos. Es difícil caminar de otra manera. Así que allí estoy, entre esa marea de carne que se mueve irregular, con un dolor en el costado de mi cabeza que parece que me va a reventar un ojo, sucede a veces últimamente, pasa pronto pero deja una sensación muy incómoda que permanece por horas; y de repente me doy cuenta de que la diversión, que según entiendo, es parte primordial del venir a un lugar así, se mantiene ausente, o por lo menos, muy disimulada dentro de sus corazones alegres (…), empiezo a estudiar a toda esta gente, sus rostros adustos y sin sonrisas, sus espaldas algo encorvadas, sus pies que se arrastran y se llenan de tierra, miradas cansadas, hostiles algunas, ausentes muchas, caminan y ven algo indiferentes toda esa basura que tal vez pudieran comprar pero que muy pocos de ellos lo harán. Se vistieron muchos con lo mejor que encontraron en sus guardarropas, yo mismo me puse una camisa e incluso hice un burdo esfuerzo por plancharla, ya no me importa a estas alturas, pude haber venido en pijama, si es que tuviera una.
Lo cierto es que hay muy pocas sonrisas, a excepción de esas expresiones algo estúpidas pero genuinamente hilarantes de los que pasan borrachos, que es uno de los objetivos de venir, aunque me sigue pareciendo una soberana estupidez venir hasta acá para emborracharse cuando fácilmente se puede hacer en cualquier otro lado mucho menos lejos y mucho más barato. En fin.
Por mi parte encuentro cierto placebo algo enfermo en ver y descubrir algunos traseros bien hechos que se atraviesan de cuando en cuando, un par de tetas, algunas de esas piernas bien torneadas y con un poco de suerte, las tres cosas en una misma mujer. Algunas de ellas inclusive solas, o por lo menos sin un tipo a su lado que reclame la propiedad. El asunto es que ligando (y más en este ambiente) siempre he sido una piedra enterrada, entonces me gano exactamente lo mismo que una mujer esté sola a que si estuviera en medio de una orgia con estrellas porno. Me limito a ver.
Y a seguir caminando.
En verdad no hay nada de verdadero interés, las mismas cosas que pudieras ver en cualquier tienda, a los mismos precios, unas vacas enormes y carnudas, toros con unos huevotes, olor a mierda y zorgo o alfalfa o lo que sea, no me interesa. Gente embaucando gente con estafas de jueguitos, dardos, pendejos tratando de levantar una botella con un aro, otros tantos queriendo meter unas pelotas que rebotan como el demonio (¿el demonio rebotará?) en unas cubetas, alguno ocasionalmente lo logra y se lleva a casa un peluche chino bastante mal hecho pero que exacerba los ánimos de todos los demás que se creen lo suficientemente superiores para por lo menos lograr lo mismo. Gasten sus quincenas de veinte en veinte pesos. Hay incluso unos bastante vivos que le cobran a unos bastante babosos un peso por acostarte en una alfombra toda mugrosa y que una pelotota sin ningún peso te pase por encima una vez…
Lo cierto es que antes de jugar, mientras juegan, después de jugar, siguen sin sonreir.
¿Se darán cuenta de ello?
Quería que un perro policía me mordiera un brazo en una demostración pero escogieron a otro güey.
Sigo caminando y dando vueltas como un marrano en un chiquero que ya le queda chico.
Luego volteo y veo otra vez la masa humana que se mueve gelatinosa y pienso la cantidad de partos necesarios para traer a toda esta gente al mundo. Liz me dice que me calle, que eso es asqueroso y yo estoy de acuerdo con ella, pero no me callo, sigo ponderando las placentas, la sangre y los cordones umbilicales, los gritos de las primerizas y las mandíbulas apretadas de las que la experiencia ha vuelto indiferentes. Tal cantidad de partos. Paso enseguida a considerar todo el sexo necesario para engendrar tanta gente que ni siquiera está sonriendo. Me viene a la cabeza una monumental orgía de fluidos que en verdad ni siquiera alcanzo a visualizar ni entender ni nada, Sodoma y Gomorra vueltas nada. Cuántos de estos no son más que un descuido o una calentura, cuantos de estos son sexo que se volvió castigo, cuántos de estos son vergüenza, cuántos son el mejor orgasmo de una vida, cuántos de estos no somos nada, cuanto pinche sexo carajo!, lo comparo con lo poco que me va a mi casi siempre y concluyo que el mundo es injusto. Valla conclusiones relevantes las mías.
Los puestos de comida están inflándose de dinero, más les vale con las cuotas que según cuentan les cuesta rentar un pedazo de tierra aquí. Hay gente por todos lados comiendo tamales, gorditas, tacos de lo que se te ocurra, carne asada y aderezada con la mugre que despide un millón de personas. Hamburguesas a dos por treinta, cerveza, fresas con crema y papas fritas en aceite reciclado dos millones de veces. Qué demonios, nunca he sido tan quisquilloso para comer. Pruebo algo y sabe a basura. Me lo como de todas maneras pero no pido más. Termino cenando exactamente los mismos tacos que ceno fuera de mi casa, solo que algo más caros. Incluso me los sirve el mismo tipo. Buen tipo el cabrón este, siempre me ha caído bien. La mesera se equivoca y nos sirve unos alambres que eran para alguien más, dice que nos los mandaron. Para cuando vuelve y dice que se equivocó, que no eran para nosotros, ya les hemos metido mano y nos quedamos con ellos. Al final nos cobran solo lo que originalmente pedimos. Bueno, ahora comí demasiado.
Salimos de cenar y ya se acabó el baile. Realmente casi nadie estaba bailando mientras duró. Pinche gente. Se dejan venir como estampida, después de haber caminado como vacas, sin ningún sentido, después de haber jugado juegos en los que no ganaron nada, ni siquiera una buena sonrisa, después de haber dejado buena parte del dinero de su semana sin que realmente halla valido la pena para la gran mayoría, después de haber comido basura y visto lujuriosamente a un montón de mujeres menos a la suya, vale, alguien más seguro la veía de la misma manera a ella. Yo lo hacía muy probablemente.
Las filas para los camiones son kilométricas. Revisamos pasajes y decidimos que nos vamos a gastar casi lo mismo que si nos vamos en taxi, así que ahí estamos, en la poco menos kilométrica pero igualmente tediosa fila para los taxis.
Tengo mucho tiempo para tomar un par de consideraciones más y me doy cuenta que efectivamente, más allá de mi metafórica manera de describir las cosas, el lugar real y literalmente apesta. Apesta a comida y a sudor y a mierda. Veo las filas que no avanzan y pienso en toda la gente allí cargando su comida y su sudor y su mierda y mezclándola con toda la comida y el sudor y la mierda de los demás. No me gustan los montones de gente. Una o dos o tres personas están bien. Pero cuando la individualidad se pierde para volverse gente, vale, de verdad me fastidia.
Mis manos les pasa algo raro, están rojas y brillantes, arden. No sé que chingados agarré. Por lo general el resto de mi cuerpo me vale madre, pero mis manos y mis ojos, son importantes. Necesito un baño, necesito la soledad de mi departamento y el silencio y la ausencia de todo y el olor ligeramente húmedo pero limpio de mi espacio, necesito una cerveza, necesito un ejercito de taxis que dispersen la fila y se lleven a todos estos partos y todo este sexo y toda esta mierda dentro de toda esta gente. Estoy listo para pasar por lo menos los próximos ocho o nueve meses alejado de lugares que tengan más de unas pocas personas.
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jueves, 3 de diciembre de 2009
nada
domingo, 22 de noviembre de 2009
acoso
el frio de la noche me abraza
con gotas rezagadas
de una lluvia que no acaba de irse
(que no se valla)
expectación
no te conozco
incertidumbre
no me conoces
plateado el cielo nos observa
sentados en esa banca
sonríes tímida
y lleno mis ojos de tu sonrisa
palabras que vienen y van
sin decir mucho
miradas que vienen y van
y lo dicen todo
paseo bajo los árboles
que saben lo que viene
y nos sonríen
(con cierta envidia)
me acerco sin recelos
sin saber cómo
no te conozco
sonríes indecisa
no me conoces
acoso divertido
tú sigues sonriendo
paramos y me miras
mientras los últimos restos
de un pretexto en forma de pay de zarzamora
desaparecen y me ayudan
yo acorto la distancia
y la distancia es ya nada
mientras me abandono a tus labios
a tu lengua húmeda
que reclamo y saboreo
y la distancia es ya nada
mientras me lleno del aroma suave
de tu cuello y tu cabello
y la distancia es ya nada
mientras mis manos te recorren
y corren a la piel bajo tu blusa
a tu piel suave y ansiosa
que se estremece ante mi tacto
vuela conmigo un instante
y que se haga eterno
vuela conmigo esta noche
esta noche que te acoso…
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